Una marca para una empresa es su reputación.

¿Tus colores, la tipografía o la imágen gráfica de tu negocio no cambia hace mucho

Aunque esas tres cosas no necesariamente son todo lo que compone la frescura y modernidad de una marca, ciertamente son elementos sustanciales de ella.

Como parte de nuestra experiencia y trabajo, hemos visto como muchas empresas se animan a cambiar su visión e incluso su «how to» a partir de un simple refrescamiento de su marca.

En algunos casos, el cliente está tan empeñado a conservar su imágen clásica, que no permite más que un reenfoque, pero cuando emprezamos a introducirlos paulatinamente en los nuevos conceptos, termina por reajustandolo «todo» y alineándose a una nueva visión.

Una marca para una empresa es como una reputación para una persona. Te ganas reputación intentando hacer bien las cosas difíciles.

No es fácil construir la reputación de una marca, y mucho menos fácil es recuperar una reputación perdida o que se ha convertido en aburrida por la falta de interés en mantener «enganchados» a los clientes.

Y es que donde encuentras una empresa que haya caído en la monotonía, puedes encontrar a una mesa directiva caducada, o atrapada en algúna otra época de la historia que no es el presente, donde se mantiene por nuevo compradores pero que ha perdido gran cantidad de clientes antiguos.

Cada persona de negocios debe entender que «algo que funcionaba muy bien en el pasado» no necesariamente tiene porqué funcionar en el presente, excepto reglas indispensables como el » buen trato al cliente» por nombrar alguna, pero un cliente siempre puede irse de nuestra cartera hacia un lugar donde reciba mejores beneficios y se sienta igual de bien.

Y como dijimos al inicio de este post, construir una marca ya no se trata de tener solo una buena oferta y un buen servicio.

Es mucho más dificil que eso, aunque no existe una fórmula mágica para tal fin, lo primero que debemos plantearnos es considerar la actual personalidad de tu negocio y en consecuencia empezar por mejorarla.

Detenerse a pensar por un momento en qué clase de sensaciones querríamos causarle a los clientes, y cómo nos gustaría que nos recuerden, sin caer en sentimentalismos nostálgicos.

Por lo general es necesario contratar a un especialista que les guíe en este y los pasos posteriores, y una vez depositada la confianza, agarrarse bien del asiento porque empieza una montaña rusa de emociones hasta dar con el resultado final.

A partir de ello, vamos a recibir sugerencias respecto al logo, colores, sonidos, uniformidad y estrategia en general.

Por último, y más importante despues de haber abierto tu mente y la de tu mesa directiva, es que finalmente deben sentirse cómodos con los nuevos cambios ya que el resultado consiste en el nexo comunicativo entre lo que la empresa desea transmitir y el cliente final.


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